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Havana-Merida-ChicagoHavana-Merida-Chicago (Un Viaje a Libertad) por Dr. Antonio Morales-Pita

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Sentí la necesidad de escribir este trabajo porque en este viaje hacia la libertad experimenté diferentes sentimientos, situaciones desesperantes, extáticos momentos de felicidad y estados mentales contradictorios. Tuve también que tomar decisiones difíciles relacionadas con los seres queridos que más quise y amé. Quiero compartir estas experiencias con una audiencia más amplia porque muchas personas pueden verse reflejadas a si mismas en estas circunstancias y se pueden beneficiar mediante el análisis de las formas en que pude resolver estos serios problemas.

En el libro los lectores pueden encontrar respuestas a preguntas tales como: a) ¿cómo es el proceso de creer en Dios, dejar de creer en El, y después retornar al Señor?; b) ¿cómo se siente un ser humano al saberse utilizado por Dios para ser más útil a los seres humanos?; c) ¿cómo es posible que Fidel Castro siga en el poder durante cinco décadas?; d) ¿cómo Castro se las arregló para eliminar las Navidades de la cultura de un pueblo mayoritariamente religioso como era el cubano?; e) – ¿qué problemas confronta un científico honesto que creyó en la revolución y al transcurrir de los años se desengañó de ella?; f) ¿cómo puede un hombre inteligente estar sometido a un lavado de cerebro, y despertar por si mismo después de un rudo golpe a su inocencia?; g) ¿cuán doloroso es el proceso de perder las raíces?; h) – ¿cuan importante es la fuerza del amor verdadero, y como puede éste sobrevivir circunstancias políticas agotadoras en varios países?; i) ¿cómo se siente dejar todo atrás a los 55 años de edad en la búsqueda por la libertad?; j) ¿cuáles son los procesos contradictorios que uno tiene que resolver durante el proceso de desertar del país de origen?

A través de los siete capítulos del libro, el lector puede ser testigo de como se construyeron mis sueños como científico, como se interrumpió mi credo religioso por la irrupción del proceso revolucionario en la Cuba del 1959, y como mi deseo de estudiar, de aprender y de ascender en la escalera de la ciencia cerraron mis ojos a la realidad de un país que iba empujado hacia el abismo económico, social y teológico.

Todas mis interrogaciones quedaron resueltas después de haber terminado mi segundo doctorado en la Antigua Unión Soviética. Regresé a Cuba con la esperanza de ayudar a mi país a salir del “período especial”. En realidad encontré una gran decepción y llegué a la conclusión de que, bajo el régimen de Castro, era imposible que Cuba pudiera alcanzar progreso económico alguno, y que no podía contribuir a la solución del gran problema creado por Fidel Castro. La construcción de mis sueños fue sustituida por una profunda decepción que me hizo rechazar el régimen castrista en su totalidad.

A continuación recorrí las cinco etapas de pérdida, es decir: negación, indignación, regateo, depresión y aceptación. En conclusión me quedaba una sola salida decorosa – salir de Cuba lo más pronto posible. El proceso de pérdida de mis raíces ya había comenzado con la ruptura con la industria azucarera cubana, en la cual había acumulado veinticinco años de experiencia.

En los momentos en que mi actividad científico-pedagógica se había prácticamente estancado en Cuba al tiempo que mi salud se iba afectando seriamente, la ciudad de Mérida me tendió una mano amiga. A ella llegué en septiembre del 1993, y de ella salí definitivamente en abril del 1996. En Mérida alcancé el máximo de mi capacidad investigativa en concluir proyectos de investigación con profesores y estudiantes de pre-grado y postgrado, así como escribir artículos e incluso publicar un libro sobre metodología de la investigación, y participando y organizando eventos científicos.

La hermosa realización religiosa, científica y pedagógica que había logrado en Mérida fue interrumpida abruptamente cuando fui a Cuba a visitar a mi madre y a mis hijos. El Ministerio de Educación Superior de Cuba emitió la orden de no devolver mi pasaporte y me vi obligado a permanecer en Cuba durante siete interminables meses narrados ampliamente en el libro. Toda mi realización quedó paralizada en Cuba donde me sentía totalmente sub-utilizado y privado de todos mis derechos civiles. Los siete días que se convirtieron en siete meses me hicieron sufrir amargamente puesto que estaba separado de la mujer de mi vida, quien afortunadamente pudo permanecer en México. Sin embargo, esos mismos siete meses me posibilitaron atender a mi madre como nunca lo había podido hacer antes, y me dieron la posibilidad de fortalecer mi fe religiosa y de romper definitivamente mis raíces con el sistema de educación superior cubano, al cual estuve ligado durante treinta y cuatro años en Cuba.

Una vez perdidas todas mis raíces, ya estaba listo para desertar. La odisea de salir de Cuba fue larga y difícil de soportar. Solamente mi fe en Dios y en mi esposa me ayudaron a sobrellevar los tortuosos e inciertos viajes al aeropuerto de La Habana todos los sábados dos veces en la mañana y la noche para enviar y recibir cartas de mi esposa, tal como se narra exhaustivamente en la obra. Este período es digno de ser filmado en una película de largo metraje. Finalmente pude salir la mañana del 31 de enero de 1996 hacia un destino final incierto.

Quedaban aún dos meses para alcanzar la libertad. La tierra mejicana vió a Antonio Morales tocar puertas en varias universidades y de tratar de lograr asilo político infructuosamente hasta que llegó el momento de acudir al Consulado Americano en Mérida. Después de múltiples e inesperados inconvenientes, sobre todo a la hora de partir hacia los Estados Unidos, finalmente llegamos a la ciudad de Chicago.

El libro narra nuestras peripecias durante los cinco primeros meses en Chicago, que fueron suficientes para hacernos disfrutar por vez primera del más sagrado derecho de todo ser humano: el ser libre.

La historia no es común. La narración está llena de coincidencias que parecen ser tomadas de escenarios imaginarios entrelazados en una secuencia increíble. Todos los eventos incluidos en el libro son reales, aunque los nombres de los participantes ha sido omitido por razones de confidencialidad. Como queda claro en el libro, mi esposa y yo hicimos el viaje La Habana – Mérida – Chicago, pero el Supremo Creador fue el autor del plan completo.

El sitio oficial de Antonio Morales-Pita